| |
Mundo
Te pienso en la lluvia que moja esta casa
que huele a historia, a la ternura con que el mundo
se volvía ceniza mientras manejábamos el fuego
como una tempestad amarrada a los ojos.
Ahora el mundo es enorme y existen calles fuera de la casa,
enemigos que el tiempo se encarga de convocar
cuando ladran los perros o los vecinos barren sus veredas,
o ajustan a martillazos los techos para protegerse del agua.
Llueve y siento que hace demasiado reconozco al mundo,
que pierdo memoria con respecto al cuerpo del fuego.
Pero huelo aún la sombra íntima de algo que
se mueve.
Escucho caer el agua y vuelvo a nosotros, a lo difícil
que es mantener la mirada hacia fuera, porque siempre
queda un aire rondando por la casa;
algo tenue sobre los ojos que retorna con la lluvia
y envejece.
volver
a Libros
Primer Tao
Al caballo muerto se lo come una rata.
La rata es devorada por un gato de baldío.
El hombre no come gatos ni corretea
ratas en los basurales.
En otra vida ese hombre fue un gato,
fue su ojo,
delgado como una hoja que se agiganta de noche,
que levanta la cabeza para percibir el olor del cadáver.
El gato, antes de matar, escucha a las ratas
masticar sus huesos.
Espera que la muerte suceda después del tiempo.
volver
a Libros
Homo dixit
Cuando muera, el
mundo se convertirá en un grano
minúsculo de mi bolsillo.
Por lo tanto, nombrarte será fácil pero pequeño,
como esas cosas que suceden cotidianamente:
la lluvia, el polvo, la silueta de la memoria.
¿Crees que el silencio pueda con ella?
Con la memoria, digo.
Por ejemplo, ahora viene mi perro, apoya el hocico
sobre mi pierna y su mirada habla de algo que sé.
Entonces la mano actúa para protegerse de sí
mismo,
simula una caricia sobre la cabeza de la mascota.
Un perro que espera algo por temor a que los dedos
un día falten y el vacío se vuelva holgado,
generoso como la tierra,
suficiente para contener un único grano
que se asemeje a tu nombre.
volver
a Libros
Concert
Aseguran que al hombre
se lo conoce por su silencio.
Pero jamás mujer alguna
tocó mayor música
que su cuerpo desnudo.
Él la escucha con pasión
y la recibe plenamente,
a voluntad.
Es más, la aplaude de pie
pero se reserva secretamente
la fiebre del sonido.
Moraleja: el hombre es un sordo
abandono de sí mismo
(apenas una campana golpeando
bajo el agua)
volver
a Libros
Lumbre
Muerde una fruta de su cuerpo.
Háblale al oído, dile que tus dientes
acabarán con ternura el dolor del deseo.
Búscate más sobre ella, o ella sobre ti,
o los dos contra el silencio.
Esa paz que no debe ser ahora, porque así no es la
pasión.
El amor es la tormenta que enferma las almas.
Es el vicio que festejan las bestias con sus bocas
aunque los confinen a un foso de arena o los corte
el tajo del látigo.
Muerde esa fruta que a la boca se abre
y arde en el pecho.
Hazle saber cuánto te quema.
Lo mucho que alimenta.
volver
a Libros
Deseo
Bordea la muerte con tu lengua sobre mi boca.
Que mi alma se desgarre como hilo de pétalo hasta morir.
Que mi vientre empalme a golpes el tuyo y de los cuerpos
se venga el colmillo del demonio, la sangre del ojo,
los dedos que te abran y la fiesta se convierta
en un banquete para devorarte, para comerme en el cielo de
tu piel.
Que luego las bestias revuelquen en la grasa de los cuerpos
el deseo, y ya hartos, arrojados al descanso de alguna sombra,
te pregunten si lo amas, si existe cierto sabor
que se aproxime al amor.
Que no contestes.
Que un beso, antes del cigarrillo, le descarne el corazón
a Ricardo
y que Ricardo ruegue: “que alguien quiera matarme”
Y ella, sabia como una hembra echada a su lado,
caliente sus manos, lo arrope bajo el rocío
y le desee una vida eterna.
volver
a Libros |