Un referente fundacional. Las letras neuquinas período 1981-2005 y su intransferencia al campo educativo
Presentación de Gerardo Burton

Cuando uno habla de Ricardo Costa no puede dejar de pensar en su poesía con ecos de los menos leídos que recordados Alberto Girri y Roberto Juarroz. La obsesiva precisión de las palabras, la desnudez de las imágenes, casi de metal por momentos; una geometría musical y el erotismo como apuesta lúdica son algunas de sus características.
Pero hoy Costa sorprende con un as en su otra manga: no ya la del poema certero sino la de la historia de la literatura de provincias, de una provincia, de Neuquén. En un período acotado que abarca un cuarto de siglo y enlaza, justamente, las postrimerías de la dictadura militar y el final del uno a uno con su bonanza –¿bonanza?– posterior.
En realidad, el libro que presentamos hoy, Un referente fundacional puede dibujar, desde un costado, la historia política y social de la provincia –o quizás, más acotado, de la ciudad– de Neuquén en ese período. Están todos los rasgos: el carácter aluvional que consolidó esta sociedad; la búsqueda entre ansiosa y desesperada por la originalidad; la búsqueda también ansiosa y desesperada de los pueblos originarios y su espasmódica y compulsiva incorporación a la escritura; los vaivenes económicos –hiperinflaciones, dolarizaciones, importación indiscriminada, devaluación–; la constitución de núcleos de escritura producida por inmigrantes de otras provincias y de Chile y otras naciones latinoamericanas. Bueno, la enumeración sería larga, pero está todo.

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Comentarios críticos sobre la obra de Ricardo Costa

(...) Lo que más se destaca, referido al lenguaje, es su voluntad de precisión. Podría hablarse de poesía del pensamiento, si no fuera que toda la poesía lo es: aún la más celebratoria, la más lírica, la poesía de ensoñación, tiene que tener, para ser poesía, un pensamiento original sobre el que se sustenta, una idea sobre el arte. Sin embargo, hay un tipo de poesía que, específicamente, finca su elocución y desarrollo en la reflexión: poesía que está más atenta al juego de las ideas que al de las metáforas, y que quiere ser (así se postula) más lúcida que celebratoria. Esta intención puede percibirse al menos en dos aspectos: en el desarrollo del poema, cuyo movimiento avanza deliberadamente hacia alguna conclusión; y en la selección de palabras que, más que cantar, prefieren ser precisas.

Y este es, justamente, el núcleo del trabajo de Ricardo Costa. Su poesía apila premisas y comprobaciones, no teme observar y exponer ideas; saca conclusiones: opina. Para ello, elige las palabras, no por su sonoridad, sino por su significado, y finalmente (puesto que es un poeta) teje la intensidad, dosifica, y nos entrega un resultado emocionado: con una emoción transitiva, que llega al lector. El pensamiento no viene, pues, desistido de emoción: la poesía debe saber comunicar la carga secreta que previamente conmovió al poeta. Ricardo Costa lo consigue con mano segura, y esto, a la vez lo coloca en el centro visible del entusiasmo patagónico, lo incluye entre lo más interesante de su generación.

Santiago Sylvester. Prólogo al libro Veda negra, 2001

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(...) Nacido en Buenos Aires en el ‘58, vive en Neuquen desde el 82, tal vez por ese brusco cambio de paisajes no hay marcas del entorno en su poética, si la gran ciudad fue tragada por la misma Patagonia o viceversa, no lo sabremos. Costa nos niega el lugar físico y nos entrega a cambio el espacio ordenado de su universo propio, una hoja de ruta con marcas rojas para el lector ¿o acaso cualquiera sabe que el dolor es una curva que puede corregirse, o donde queda ese cementerio en donde, dice el poeta, yo guardaré silencio por mi silencio/ ahora que tu boca cava una sepultura/ y el cadáver es un beso que se rompe?

En su poética existe un orden elemental aunque aparente, sus teoremas dejan la sensación de haber podido ajustar a la gramática la tragedia humana, el sino de la existencia o la aventura domestica, pero en realidad sus tesis no hacen más que generar nuevas miradas que desatan a su vez nuevas preguntas y es su escoba de luz la que se encarga de quitarle al dolor su acostumbrada capa de lugares comunes para dejar expuesta su belleza legítima.

Laura Yasan, Buenos Aires, Marzo de 2004. Para el programa radial Con esta boca en este mundo. LRA Radio Nacional

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(...) La literatura es un territorio de incertidumbre en cuanto a la concreción de sus interrogantes, bellamente perfecta, a veces, es la “forma” que logra cada texto. Se reúne en un libro –para la reflexión, para el placer, para la angustia– todo un sumun de simbologías y referencias y discusiones atemporales, por lo que los viejos signos se re-convierten con la magnífica exactitud del nombrar, de reponer el continuo palimpsesto reutilizando voces y moldes. La literatura es un mapa de práctica, es una obsesión, es un atisbo que coloca a nuestra limitación humana –en ciertas oportunidades– en un instante de máxima lucidez (recuérdese lo que acotara nuestro escritor argentino, Jorge Luis Borges, ante la posibilidad de ser y no-ser de la producción artística, enfatizando: “esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético”).

En ese arduo camino se encuentra la poética de Ricardo Costa, se puede decir sin falsos pudores que cada texto publicado consolida su posición en el campo intelectual argentino, también demuestra en los mismos un alto dominio de la materia verbal que, en definitiva, le termina agradeciendo cada uno de los lectores, de los críticos.

Se insiste, y ahora se señala la poesía y no la poética de Costa, en que es una lectura obligada para los que escriben y analizan, es una lectura obligada para quienes los quema el fuego del amor. Porque en el acto creativo de cada uno de esos poemas que componen sus libros que entrega y comparte el poeta con cada uno de sus lectores está … el ardor que guarda la palabra amarrada a la pasión. (V. N., “Génesis”, p. 17)

Sergio De Matteo. Conferencia pronunciada en la Universidad Nacional del Comahue, Neuquén, durante las 1ras Jornadas de Literatura Argentina en la Patagonia. Mayo de 2004.

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